En 1965, Maria José Ferreira de 11 años de edad, fue sometido al poltergeist más infame en la historia de Brasil.
Comenzó en su casa en la ciudad de Jaboticabal, cuando ladrillos y piedras comenzaron a materializarse de la nada y aplastar cosas. La familia de María llamó a un sacerdote para hacer un exorcismo. Esto sólo enfureció al espíritu y el ataque se puso peor.
La roca más grande encontrada fue de 3,7 kilogramos, y algunas de las piedras eran magnéticas. Cuando las rocas dejaron de aparecer con el tiempo, los muebles comenzaron a ser lanzados alrededor de la casa.
“piedras que surgían de la nada, muebles que se movían sin acción humana y golpes en las paredes”
A Maria le iba aún peor. Ella fue abofeteada, mordida, y acabó con todo tipo de golpes. Agujas aparecían incrustadas en su piel. En una ocasión, tuvieron que ser removidas 55 agujas de un solo tobillo. El poltergeist ponía cosas sobre su cara para asfixiarla en la noche.
Los problemas la siguieron a la escuela, y en un momento su ropa espontáneamente se prendió fuego en la cafetería, como si de una suerte de pirogénesis inconsciente se tratara. Los ataques se prolongaron durante un año antes de que María fuera a ver a un médium (Chico Xavier).
Según los testigos, el psíquico Xavier, durante un trance incorporó al presunto espíritu el cual dijo a los presentes agredir a la chica y a su entorno porque María, en una vida anterior, era una bruja que causó muchas muertes utilizando la magia negra. Dijo, además, que su misión y la de otros espíritus de su entorno era vengarse de María por los crímenes cometidos.
Habían pasado algunos meses, finalmente cuando parecía que Chico Xavier había apaciguado bastante la situación, María, con sus 16 años, apareció muerta. Al parecer, se suicidó mezclando pesticida en un refresco.
Tras su muerte, toda actividad paranormal cesó para no volver jamás.







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